Mis ojos se inundan con la fulgurante luz del amanecer, de repente ese flash fotográfico me devuelve a la realidad... Un segundo antes me encontraba solo,en un camino, rodeado por un sinfín de sonidos e imágenes inconexas ante las cuales solo podía seguir avanzando. Sin querer he perdido la noción del tiempo, mi hermano corretea a unos metros de mí, le digo que pare. A sus 10 años es puro nervio, sin duda incitado por esa brisa que nos envuelve, y que trae noticias de la ciudad.
-Ven conmigo! (le digo cogiéndole del brazo).
A medio camino encontramos a una pareja de hermanas, una lástima que no se lleven tan bien como nosotros. Entre palabras sueltas pude averiguar que se trataba de la posesión de un pequeño frasco de perfume.
Nuestro destino es un espacio amplio lleno de personas, no sé cuanta distancia hemos recorrido hasta llegar aquí, pero eso no es importante ahora, lo importante ahora son todos los estímulos que recibo. La temperatura es más elevada y un olor mas denso inunda el ambiente.
-Quédate con ella, tengo cosas que hacer.
Mientras me alejo, vuelvo la cabeza y veo como le agarra fuerte la mano, y se dispone a ir hacia la caja registradora.
Al volver a mirar al frente, otro destello de luz me envuelve y lo que veo me deja atónito. A mi derecha, mi hermano intenta llenar su hucha con todas las monedas que ha ido recolectando, como distracción en un intento de no dejarme solo. El tintineo del metal resuena a mi alrededor produciendo un profundo eco y entre mis manos un libro negro de física gastado por el uso, permanece abierto por la misma página desde hace horas.
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